A este no casual y paulatino proceso, algunos teóricos dieron en llamar "la globalización del planeta". El gran desarrollo que registraron las potencias occidentales, fue inversamente proporcional a las graves crisis que sufrieron muchas naciones latinoamericanas, asiáticas o africanas. En el caso de latinoamérica, una serie de gobiernos neo-liberales(Menem en Argentina, Fujimori en Perú, Bucaram en Ecuador, etc.- implementaron recetas económicas que destruyeron sus industrias nacionales, liquidaron sus recursos naturales y empresas estatales, incrementaron impunemente sus deudas externas, a la vez que fue notable el crecimiento tecnológico alcanzado por los países líderes en ese rubro, principalmente desde las comunicaciones (la informática, el perfeccionamiento en el uso de los satélites científicos y militares, el impulso de la producción de la maquinaria bélica,etc.), unido al efecto de la denominada "caída de las ideologías", que neutralizó las posibilidades efectivas de articular un pensamiento disidente, facilitaron la llegada de cambios indudables.
Muchos de estos cambios trajeron aparejadas consecuencias devastadoras tales como la concreta expansión militar de EE.UU., Inglaterra y algún socio de turno del primer mundo, el desempleo, caídas de las industrias propias -de cada país-, el fortalecimiento de los monopolios y de los grupos empresarios multinacionales, primordialmente conformados por empresas de países industrializados o desarrollados, el auge del consumismo, la marcada desigualdad social y el vertiginoso aumento de la pobreza, la caída de la calidad educativa, el menosprecio a la labor intelectual y cientifica, el fortalecimiento de la acción de mercados como el de armamentos o del narcotráfico, la manipulación de las economías, y por consiguiente, de los gobiernos de países pobres, el descomunal aumento de la contaminación del planeta, los desastres ecológicos y otros tantos serios problemas de gravísimas consecuencias.
Ante este estado mundial de situación encontramos una marcada mimetización de los medios masivos de comunicación y, por ende, la pasiva y cómplice (en la mayoría de los casos) labor del periodismo, que más que denunciar y hechar luz sobre toda la mencionada dura realidad, solo participa como una pieza útil más dentro de ella. los Medios Masivos sólo sirven como elementos de difusión publicitaria, ya sea comercial o política. La notoria decadencia educativa y el atropello hacia la actividad intelectual, la indiferencia a la crucial tarea de la investigación científica, colaboraron con el crecimiento de la mediocridad profesional en todas las áreas. Fue así que aparecieron, en las últimas generaciones, un gran número de periodístas o comunicadores de bajísima capacidad profesional. Al hablar de la competencia profesional de estos últimos, nos referimos a aspectos fundamentales en el desempeño de la actividad tales como poder de crítica y conocimiento, seriedad, moderación, dicción, y otros tantos.
Lejos quedaron, por nombrar algunos, aquellos maestros, médicos, abogados, jueces -ni hablar de los políticos-, periodistas o actores, que honraban, con un gran nivel, el desempeño de su profesión y demostraban un prestigio y una línea de conducta que despertaban el respeto y la admiración de todos. dificil será encontrar en estos tiempos -salvo raras excepciones- a genios universales, tales como un José Hernandez, Bernardo Houssay, Federico Leloir, Cesar Milstein, Jorge Luis Borges, Ernesto Sabato, René Favaloro, Cesar Pelli o un Antonio Berni o Juan Manuel Fangio, entre otros argentinos que gozaron de fama mundial.
Nuestro presente es por demás preocupante y, lo que hace más desoladora a esta problemática es el hecho que estamos asistiendo a un círculo retrogradante, una espiral involutiva, descendente en la que se encuentra una sociedad informada y guiada por actores incompetentes, no capacitados para hacerlo.
-Ilustración: Foto de una escena de la pelicula "El pibe", con el genial Charles Chaplin




